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Martes, 26 Enero 2016 23:39

Evangelio diario

Lecturas de la Misa

05. julio 2020 : Decimocuarto domingo del Tiempo Ordinario
San Antonio María Zaccaría
Libro de Zacarías 9,9-10.

Así habla el Señor:
¡Alégrate mucho, hija de Sión! ¡
Grita de júbilo, hija de Jerusalén!
Mira que tu Rey viene hacia ti;
él es justo y victorioso,
es humilde y está montado sobre un asno,
sobre la cría de un asna.
El suprimirá los carros de Efraím
y los caballos de Jerusalén;
el arco de guerra será suprimido
y proclamará la paz a las naciones.
Su dominio se extenderá de un mar hasta el otro,
y desde el Río hasta los confines de la tierra.

Salmo 145(144),1-2.8-9.10-11.13cd-14.

Te alabaré, Dios mío, a ti, el único Rey,
y bendeciré tu Nombre eternamente;
día tras día te bendeciré,
y alabaré tu Nombre sin cesar.
El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
el Señor es bueno con todos
y tiene compasión de todas sus criaturas.
Que todas tus obras te den gracias, Señor,
y tus fieles te bendigan;
que anuncien la gloria de tu reino
y proclamen tu poder.
El Señor es fiel en todas sus palabras
y bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que caen
y endereza a los que están encorvados.

Carta de San Pablo a los Romanos 8,9.11-13.

Hermanos:
Ustedes no están animados por la carne sino por el espíritu, dado que el Espíritu de Dios habita en ustedes. El que no tiene el Espíritu de Cristo no puede ser de Cristo.
Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús habita en ustedes, el que resucitó a Cristo Jesús también dará vida a sus cuerpos mortales, por medio del mismo Espíritu que habita en ustedes.
Hermanos, nosotros no somos deudores de la carne, para vivir de una manera carnal.
Si ustedes viven según la carne, morirán. Al contrario, si hacen morir las obras de la carne por medio del Espíritu, entonces vivirán.

Evangelio según San Mateo 11,25-30.

Jesús dijo:
"Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños.
Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar."
Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.
Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.
Porque mi yugo es suave y mi carga liviana."

Convertirse en huella del Reino de Dios
San Máximo el Confesor (c. 580-662), monje y teólogo

Filocalia, “Interpretación del Padre Nuestro” (Philocalie des Pères neptiques; DDB-Lattès), trad. sc©evangelizo.org

Está escrito: “¿Dónde estará el lugar de mi reposo? Hacia quien vuelvo la mirada es hacia el pobre, de espíritu acongojado, que se estremece ante mis palabras” (cf. Is 66,1-2). Está claro que el Reino de Dios Padre pertenece a los humildes y pacientes. Está escrito: “Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia” (Mt 5,5). (…)

La tierra, es el estado y potencia firmes e inmutables, suscitados por la belleza y por la rectitud de los que son pacientes. Ella está siempre con el Señor, lleva una alegría continua, ha conquistado el Reino preparado desde el origen y fue hecha digna del lugar y orden del cielo. Tal es una tierra que situada en medio del universo es razón de virtud. El hombre paciente que está en medio, entre la alabanza y la difamación, permanece impasible: ni vanidoso por la alabanza ni triste por la difamación. Después de haber rechazado el deseo de las cosas de las que ha sido liberada naturalmente, la razón no siente los ataques cuando la molestan: descansa de sus agitaciones y ha transportado la potencia del alma al puerto de la libertad divina, liberada de inquietudes. Es la libertad que el Señor deseaba trasmitir a sus discípulos. Dijo: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio” (Mt 11,28-29). Llama “alivio” a la potencia del Reino divino. Esta potencia suscita, en los que son dignos, una majestad libre de todo servilismo.

Si, al estado puro, la potencia indestructible del Reino es dada a los humildes y pacientes, ¿quién tendría tan poco amor y deseo de los bienes divinos, como para no tender al máximo hacia la humildad y paciencia y así convertirse en huella del Reino de Dios, en cuanto es posible al hombre? Entonces, por gracia, lleva en sí lo que le da una forma espiritual semejante a la de Cristo, quien es naturalmente por esencia el gran Rey.

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