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En la proximidad de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, quiero deciros con toda verdad que este se estremece de compasión y de misericordia. La Iglesia nos presenta el misterio del Corazón de un Dios que se conmueve y derrama todo su amor sobre la humanidad. Un amor misterioso que nos muestra la pasión inmensa de Dios por el hombre, que no se rinde ante la ingratitud, ni siquiera ante el rechazo; su único deseo es restituir la dignidad del hombre. Un Corazón que abraza, que acoge, que se presta a perdonar y a curar. Él mismo nos lo dice: «No he venido para los sanos que no necesitan médico, sino para los enfermos». Todos los hombres necesitamos no solamente sentir el latido de nuestro corazón, sino también hacer un trasplante y acoger el latido del Corazón de Jesús.

Nunca sabremos de verdad cómo es el Corazón de Cristo y nunca entenderemos la alegría de vivir su misericordia, si no lo hacemos. Es el mensaje más contundente, el más verdadero, el que más necesita el ser humano, el que puede cambiar la dirección de esta humanidad. Os habéis dado cuenta de algo fundamental: ¡Cómo nos gusta condenar! ¿Por qué nos costará tanto salvar? El Señor nos lo ha dicho: «No he venido a condenar a los hombres, he venido a salvarlos». Basta que recordemos por un instante el encuentro del Señor con la mujer pecadora. El Evangelio de San Juan habla de la adúltera, aquella mujer que los escribas y fariseos estaban a punto de lapidar. ¿Cómo salva su vida el Señor? Haciendo tomar conciencia a quienes la habían encontrado en adulterio que ellos no eran menos pecadores que aquella mujer: «El que esté libre de pecado que tire la primera piedra». Ante esta afirmación, todos se marcharon. También nosotros nos marchamos. Y también nosotros necesitamos escuchar del Señor lo que aquella mujer escuchó: «Ni siquiera yo te condeno; vete y, de ahora en adelante, no peques más». ¡Qué importante es sentirse necesitado de misericordia, es el primer paso que tenemos que dar para hacer trasplante de corazón! Todos podemos ayudar, especialmente entregando y regalando la misericordia del Señor, siendo para quien me encuentro en el camino rostro de misericordia, terapeuta de la misericordia.

Lecturas de la Misa

18. octubre 2021 : San Lucas, evangelista, Fiesta
Lc 10,1-9.

El Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir.
Y les dijo: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.
¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos.
No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
Al entrar en una casa, digan primero: '¡Que descienda la paz sobre esta casa!'.
Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes.
Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa.
En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan;
curen a sus enfermos y digan a la gente: 'El Reino de Dios está cerca de ustedes'."

Lecturas de la Misa

18. octubre 2021 : San Lucas, evangelista, Fiesta
San Pedro de Alcántara
Segunda Carta de San Pablo a Timoteo 4,10-17b.

Querido hermano:
Demas me ha abandonado por amor a este mundo. Él se fue a Tesalónica, Crescente emprendió viaje a Galacia, y Tito, a Dalmacia.
Solamente Lucas se ha quedado conmigo. Trae contigo a Marcos, porque me prestará buenos servicios.
A Tíquico lo envié a Efeso.
Cuando vengas, tráeme la capa que dejé en Tróade, en la casa de Carpo, y también los libros, sobre todo, los rollos de pergamino.
Alejandro, el herrero, me ha hecho mucho daño: el Señor le pagará conforme a sus obras.
Ten cuidado de él, porque se opuesto encarnizadamente a nuestra enseñanza.
Cuando hice mi primera defensa, nadie me acompañó, sino que todos me abandonaron. ¡Ojalá que no les sea tenido en cuenta!
Pero el Señor estuvo a mi lado, dándome fuerzas, para que el mensaje fuera proclamado por mi intermedio y llegara a oídos de todos los paganos.

Salmo 145(144),10-11.12-13ab.17-18.

Que todas tus obras te den gracias, Señor,
y tus fieles te bendigan;
que anuncien la gloria de tu reino
y proclamen tu poder.

Así manifestarán a los hombres tu fuerza
y el glorioso esplendor de tu reino:
tu reino es un reino eterno,
y tu dominio permanece para siempre.

El Señor es justo en todos sus caminos
y bondadoso en todas sus acciones;
está cerca de aquellos que lo invocan,
de aquellos que lo invocan de verdad;

Evangelio según San Lucas 10,1-9.

El Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir.
Y les dijo: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.
¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos.
No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
Al entrar en una casa, digan primero: '¡Que descienda la paz sobre esta casa!'.
Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes.
Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa.
En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan;
curen a sus enfermos y digan a la gente: 'El Reino de Dios está cerca de ustedes'."

San Lucas, evangelista y compañero de Pablo

    Cuando, después de haber abandonado las tinieblas del error para adherirse al amor de Dios, Pablo se une a los discípulos, Lucas le acompaña por todas partes y se hace su compañero de viaje (Hch. 16,10s)... Se amolda tan bien a él, lo trata con tanta familiaridad y comparte hasta tal punto todas sus gracias que Pablo, cuando escribe a los creyentes, llama a Lucas “mi querido médico” (Col. 4,14). Desde Jerusalén y toda la comarca hasta Dalmacia (Rm 15,19), predicó con él el Evangelio. Desde Judea hasta Roma, comparte con él las mismas cadenas, los mismos trabajos, las mismas penas, los mismos naufragios. Quería recibir la misma corona que Pablo, por haber participado en los mismos trabajos.

    Después de haber adquirido con Pablo el talento de la predicación y haber ganado y conducido a tantas naciones al amor de Dios, Lucas aparece como el discípulo cariñoso y querido por el Salvador, como el evangelista que escribió su historia sagrada; porque antaño había seguido al Maestro (Cfr.Lc 10,1), había recogido los testimonios de sus primeros servidores (Lc 1,1) y había recibido la inspiración de lo alto. Es el evangelista que contó el misterio del mensajero Gabriel enviado a la Virgen para anunciar la alegría al mundo entero. Es el que contó claramente el nacimiento de Cristo: nos muestra al recién nacido acostado en un pesebre y describe a los pastores y los ángeles que proclaman la alegría... Nos explica más parábolas que otros evangelistas. Y del mismo modo que nos explicó el descenso del Verbo sobre la tierra, de igual manera nos describe su Ascensión al cielo y su regreso al trono del Padre (24,51)...

    Pero en Lucas, la gracia no se limita a esto. Su lengua no se limita exclusivamente al servicio del Evangelio. Después de explicar los milagros de Cristo, cuenta también los Hechos de los Apóstoles... Lucas no es un mero espectador de todo esto, sino que verdaderamente participa en ello. Y por eso pone tanto interés en instruirnos.

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